¿CÓMO SABER SI NUESTRO HIJO ESTÁ SIENDO ACOSADO?

FAMILIA

Para algunos niños es difícil confiar a alguien que están siendo acosados (en la escuela o en el barrio), ya sea por vergüenza, o miedo, o se sienten inferiores o inseguros.

Cuando observemos un cambio importante en la conducta normal de nuestro hijo, sería oportuno investigar si la causa es el acoso escolar.

Es interesante conocer algunos síntomas corrientes que podrían indicar que el pequeño se encuentra ante dicha situación.

Señales de alarma:

  • Cualquier cambio súbito del comportamiento normal.
  • No quiere asistir a clase ni participar en las actividades escolares donde también acuden sus compañeros.
  • Caída inexplicable de los resultados escolares.
  • Roturas en la ropa, prendas desgarradas.
  • Dolores de cabeza, de estómago u otras indisposiciones inexplicables.
  • Interrupciones frecuentes del sueño, dormir más horas de lo normal u otros cambios en las pautas del sueño
  • Procura evitar a sus compañeros de edad así como los actos sociales de la escuela.
  • No va al comedor, ni sale al patio del colegio
  • Evita las actividades del tiempo libre, como excursiones, etc., donde pueda encontrar a compañeros de la escuela.
  • Súbita pérdida del interés por actividades que antes le gustaban.
  • Aspecto triste y deprimido.
  • Se niega a ir o volver solo entre el domicilio y la escuela lo quiere hablar de lo que pasa en la escuela.

 

 

Fuente: “Bullying. El acoso escolar”, William Voors.

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Enseñanzas de la vida

Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuán pobres eran las gentes del campo.

Estuvieron por espacio de un día y una noche completa en una granja de una familia campesina muy humilde. Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:

“¿Que te pareció el viaje?” – preguntó el padre.

“Fue fantástico Papá!” – dijo el hijo

“¿Viste que tan pobre puede ser la gente?” – preguntó el padre

“¡Oh, sí­!” – dijo el hijo

“Y… ¿que aprendiste?” – preguntó el padre

El hijo contestó:

“Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.”

“Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececillos y otras bellezas.”

“Que nosotros importamos lamparas del Oriente para alumbrar nuestro jardín…mientras que ellos se alumbran con la luna y las estrellas.”

“Que nuestro patio llega hasta la pared de la casa del vecino, ellos tienen todo el horizonte de patio.”

“Tenemos un pequeño pedazo de tierra para vivir y ellos tienen campos que van más allá de nuestra vista.”

“Que nosotros compramos nuestra comida;…ellos, siembran y cosechan la de ellos.”

“Nosotros cocinamos en estufa eléctrica…Ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.”

“Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas….Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.”
“Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor… Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del valle, a los animales, a sus siembras, a su familia.”
“Especialmente papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que conversan conmigo.”El padre se quedó mudo… y su hijo agregó: “¡Gracias Papá por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser!!!

 

 

“¡Gracias Papá por enseñarme lo pobres que somos!

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Una fábula. Las cuatro estaciones.

estaciones

 Había un padre que tenia cuatro hijos. Como parte de su educación, él quería que ellos aprendieran a no juzgar a las personas y las cosas tan rápidamente como suele hacerse; entonces envió a cada hijo, por turnos, a ver un árbol de peras que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el hijo mas joven en Otoño. Cuando todos ellos habían ido y regresado, el padre los llamo y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.  El primer hijo menciono que el árbol era horrible, parecía seco, estaba sin hojas, doblado y retorcido. El segundo dijo que no, que estaba cubierto con finos brotes verdes y lo encontró lleno de promesas. El tercer hijo no estuvo de acuerdo, dijo que estaba cargado de flores con un aroma muy dulce y se veía muy hermoso, que era el árbol mas lleno de gracia que jamás había visto. El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, afirmó que había visto un árbol maduro, cargado de fruto, empezándosele a caer algunas hojas pero pleno de vida.

Entonces el hombre les explico a sus hijos que todos tenían razón, pero una razón parcial, por que ellos sólo habían visto el árbol en una de las estaciones de la vida. Les dijo que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, por ver tan sólo una de sus temporadas, y que la esencia de lo que la vida es, el placer y el amor que acompañan a la vida, solo puede ser medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.

Si te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño.

MORALEJA: No dejes que el dolor de alguna estación destruya la dicha del resto. No juzgues a la vida sólo por una estación difícil. Persevera a través de las dificultades y malas rachas … mejores tiempos seguramente vienen por delante.

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LA EMPATÍA

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En las relaciones humanas son muchos los inconvenientes que se generan por la falta de comprensión de las necesidades, sentimientos, deseos o ilusiones de los demás.Lo que ocasiona esta sensación de incomprensión, en muchas ocasiones puede ser la ausencia de una habilidad básica de la inteligencia emocional: la empatía. La empatía es la capacidad de una persona de vivenciar la manera en que siente otra persona y de compartir sus sentimientos. Esta capacidad nos puede llevar a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Por otro lado, es la habilidad que nos permite entender las necesidades, sentimientos, problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales. Por lo tanto, la empatía se define como una doble habilidad: Es, por una parte, la capacidad para experimentar lo que el otro siente como si fuera propio, y por otra la capacidad para comunicarle que conocemos cómo se siente. Por ejemplo, imagínese que su pareja/compañero de piso/hijo llega a casa serio y poco comunicativo. Ante esta situación se plantean, simplificando, dos posibles respuestas: “qué serio eres…, no me echas cuenta…, vas a lo tuyo…”; otra, que usaría más la empatía, sería del tipo: “¿te ha pasado algo? Últimamente te veo más serio, ¿va todo bien?”
Actuar con empatía no significa estar de acuerdo con el otro. Podemos estar en completo desacuerdo con alguien, sin por ello dejar de ser empáticos, ayudándonos esto, en su caso, a respetar su posición.Son muchas las ventajas que nos aporta ser empáticos: Es fundamental para comprender en profundidad el mensaje del otro y así establecer un diálogo; cuando somos empáticos generamos sentimientos de simpatía, comprensión y ternura; facilita la comunicación y la manera en que influimos en otros; es importante en todas las actividades que se centran en la gente, donde se requiere interpretar con habilidad los sentimientos de una persona, como es el caso de la medicina, la atención a clientes, asistencia social, psicoterapia, abogacía, etc.
Ponerse en el lugar del otro es una herramienta que previene problemas y conflictos personales o que puede servir para resolverlos.
En la actualidad, existe un amplio consenso en admitir que la empatía debe ser considerada como un factor esencial en el desarrollo social y personal. Es uno de los hábitos de las personas con inteligencia emocional.
“El regalo más preciado que podemos dar a otros es nuestra presencia. Cuando nuestra atención plena abraza a los que amamos, florecen como flores”
Thich Nhat Hanh.
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CÓMO AFRONTAR LAS EMOCIONES DIFICILES: LOS SIETE PELDAÑOS DEL EQUILIBRIO EMOCIONAL

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Las emociones constituyen un aspecto fundamental de toda vida humana. Las emociones por sí solas no son ni buenas ni malas. El miedo, la rabia, la vergüenza, la tristeza, la alegría… Todas ellas tienen un carácter adaptativo y son importantes para la vida. Existen para tratar de resolver problemas, no para crearlos. Sin embargo también pueden ser la causa de sufrimiento y distintas dolencias físicas y mentales. Por eso, algunas como el odio, la rabia o la desesperación, reciben el nombre de emociones difíciles o dolorosas. Si frecuentemente nos hacen sufrir, es porque les oponemos resistencia y no sabemos manejarlas con habilidad. Por lo que es importante conocerlas y saber relacionarse con ellas. La emoción se expresa en el cuerpo a través de las sensaciones físicas, y tienen un carácter efímero. Lo que las mantiene en el tiempo son los pensamientos asociados y la manera en la que nos relacionamos con ellas. En el caso de las emociones difíciles o dolorosas, ¿Cómo te relacionas con ellas, con rechazo o con aceptación?
La práctica de la atención plena o mindfulness con las emociones desagradables consiste en reconocerlas y aceptarlas y aprender a no alimentarlas y a no dejarnos llevar por ellas.
Una vez que aparece la emoción, en lugar de intentar huir de ella o combatirla, hay que reconocerla y acogerla. Para ello se lleva la atención a la expresión física de la emoción, a las sensaciones corporales. Es muy importante dejar de alimentar la emoción. Para ello retiramos la atención totalmente de los pensamientos que la originaron y que la retroalimentan.
PRÁCTICA FORMAL:
1. Pararse: hacer una pausa, hacer un alto.

2. Respirar hondo, serenarse: para ello es útil llevar la atención a la respiración durante un tiempo.

3. Reconocer la emoción, no ignorarla. Tomar conciencia de la emoción.

4. Aceptar la emoción. Atender a la emoción, con actitud de curiosidad, apertura y falta de juicio. Centrarse en los efectos físicos de la emoción en el cuerpo. Atender a las sensaciones físicas.

5. Abrazar la emoción. Mantener la atención en las sensaciones físicas, observando cualquier cambio que pueda producirse. Puede ser que el corazón nos lata deprisa y con fuerza, o que notemos una opresión en el pecho o en el cuello, o una tensión en el vientre. Se trata de percibirlas con detalle y tratar de relajar la zona afectada, creando un espacio para que la emoción se exprese a través del lenguaje de las sensaciones corporales.

6. Comprender la emoción. Mirar alrededor de la emoción, acontecimientos que la causaron, percepción de los hechos, pensamientos asociados, efectos…
Soltarla y dejarla ir.

7. Actuar o no, según las circunstancias. Evaluar la necesidad de realizar o no alguna acción. Si la situación requiere una respuesta, tras haber aplicado los pasos descritos, estaremos en mejores condiciones que antes para generarla.

Referencia: “Aprender a practicar Mindfulness”, Vicente Simón

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UN MOMENTO DE PAZ: LA RESPIRACIÓN AFECTUOSA

Puedes practicar este ejercicio varias veces durante el día para restaurar tu mente al momento presente y proporcionarle un poco de paz. A largo plazo puede ayudarte a mejorar tu bienestar. Dedícale tiempo, al principio unos 5-10 minutos, luego puedes ir incrementando el tiempo.

Ahora a continuación tienes escritas las instrucciones, se trata de que las leas varias veces hasta que las interiorices y te sirvan de guía para la meditación.

Date tiempo, ve poco a poco, sé constante.

¡Ánimo!

LA RESPIRACIÓN AFECTUOSA

Siéntate adoptando una postura cómoda. Adopta una postura que no te suponga esfuerzo para mantenerla: mantén la espalda recta y suavemente apoyada, los hombros planos y estirados hacia la espalda (abriendo el pecho) y el mentón ligeramente inclinado hacia abajo. Mantén la postura erguida pero sin rigidez. Mantén los ojos cerrados. Respira suave y lentamente unas cuantas veces, así vas liberando cualquier tención innecesaria.

Ahora trata de centrar toda tu atención en la respiración. Ve poco a poco realizando respiraciones profundas. Encuentra la respiración en el lugar donde te resulte más fácil sentirla. Tal vez sea en el vientre o quizás través del ligero movimiento de todo tu cuerpo. Observa, mira y siente la respiración con interés, de un modo relajado. Date tiempo.

Pon una mano sobre un lugar en el que encuentres tranquilidad, puede ser el corazón o el vientre,  esto te ayuda a llevar tu atención de forma amable a tu experiencia y a ti mismo. Acércate interiormente hacia tu respiración del mismo modo que te acercarías hacia un niño, con ternura, con cariño y curiosidad. Dedícate un tiempo a simplemente ser.

Seguramente tu mente se distraerá en varias ocasiones pero no importa, dirige nuevamente tu atención a la respiración. Cuando la mente se aleje, no te preocupes. Suavemente acompáñala a regresar a la sensación de la respiración.

No debes controlar la respiración. Sólo obsérvala y conócela.

Ahora, siente que todo el cuerpo respira, que se mueve suavemente con los movimientos de la inspiración y la espiración, del mismo modo que los movimientos de las olas del mar (que se acercan y se alejan de la orilla).

No necesitas hacer nada más.

A continuación, despídete de la respiración y deja que todo lo que en este preciso momento aparezca en tu conciencia, sea tal como es.

Abre los ojos, lenta y suavemente.

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¿LA NAVIDAD ES TRISTE?

A muchas personas la Navidad les entristece. Se suelen argumentar diferentes motivos: Hay que personas que piensan que la Navidad es triste porque son fechas propicias para echar en falta a seres queridos ausentes; en ocasiones, la idea de felicidad, lujo y fantasía que aparece en los medios de comunicación no se corresponde con la realidad; otras veces no podemos señalar una causa concreta. Pero lo que sí es cierto es que la nostalgia, la melancolía o la tristeza, son sentimientos que experimentan muchas personas ante estas fechas que se aproximan.
Detrás de cada una de estas situaciones existe un motivo principal por el que las personas ven la Navidad como una época triste, o incluso a veces, estresante; es su forma particular y personal de interpretar esta época del año la que determina que aparezcan dichos sentimientos. Es el prisma través del que miramos los acontecimientos, el que determina nuestros sentimientos y nuestros comportamientos. Los pensamientos que tengamos, son los que harán que nos sintamos tristes o alegres o como normalmente nos sentimos. “No me gustan las Navidades, es un época triste”, “en estos días parece que todos debemos estar alegres, ser buenos y más felices que nunca; y tener que comprar algo por comprar… “, “me acuerdo mucho de un ser querido que falta… “, “qué rollo, no tengo dinero para comprar marisco, play-station, etc… ” Son ejemplos de pensamientos negativos que provocarán una emoción negativa.
El dar por hecho que la Navidad es una época triste al igual que los días nublados, es una distorsión de la realidad. ¿Dónde está escrito, quién lo ha dicho? Si llevas muchos años percibiendo la Navidad como una época triste, observarte y párate a escuchar tus pensamientos, mira qué enfoque le estás dando a esa fecha. Quizás te estás centrando en aspectos negativos y no tienes en cuenta los positivos. Si es así, intenta darle un enfoque más realista y positivo a dicha situación.
Por ejemplo, suelen ser días de vacaciones, aprovecha estos días libres para hacer cosas pendientes que no puedes realizar en otras épocas del año o para hacer planes diferentes. No es necesario pasarlo bien obligatoriamente, ni hacer cosas que no te apetecen por que las hacen el resto de las personas, ni comprar muchas cosas, etc.
Trata de centrarte y de aprovechar lo bueno de cada cosa. Elige, porque puedes hacerlo, cómo quieres que sea tu Navidad. Qué aspectos, tradiciones, ceremonias y fiestas, etc. quieres que formen parte de tu Navidad. Evidentemente habrá algunos que no quieras pero que, ya sea por tu familia, por tu pareja o por tus hijos, te ves en la obligación de formar parte de ellos. Si decides participar por este motivo, ten en cuenta que tu forma de percibirlo determinará cómo te vas a sentir y cómo te lo vas a pasar.

Al fin y al cabo las fechas son días en el calendario, tendrán la importancia que tú les quieras dar.

¿Cómo quieres vivir tu Navidad?

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