UN MOMENTO DE PAZ: LA RESPIRACIÓN AFECTUOSA

Puedes practicar este ejercicio varias veces durante el día para restaurar tu mente al momento presente y proporcionarle un poco de paz. A largo plazo puede ayudarte a mejorar tu bienestar. Dedícale tiempo, al principio unos 5-10 minutos, luego puedes ir incrementando el tiempo.

Ahora a continuación tienes escritas las instrucciones, se trata de que las leas varias veces hasta que las interiorices y te sirvan de guía para la meditación.

Date tiempo, ve poco a poco, sé constante.

¡Ánimo!

LA RESPIRACIÓN AFECTUOSA

Siéntate adoptando una postura cómoda. Adopta una postura que no te suponga esfuerzo para mantenerla: mantén la espalda recta y suavemente apoyada, los hombros planos y estirados hacia la espalda (abriendo el pecho) y el mentón ligeramente inclinado hacia abajo. Mantén la postura erguida pero sin rigidez. Mantén los ojos cerrados. Respira suave y lentamente unas cuantas veces, así vas liberando cualquier tención innecesaria.

Ahora trata de centrar toda tu atención en la respiración. Ve poco a poco realizando respiraciones profundas. Encuentra la respiración en el lugar donde te resulte más fácil sentirla. Tal vez sea en el vientre o quizás través del ligero movimiento de todo tu cuerpo. Observa, mira y siente la respiración con interés, de un modo relajado. Date tiempo.

Pon una mano sobre un lugar en el que encuentres tranquilidad, puede ser el corazón o el vientre,  esto te ayuda a llevar tu atención de forma amable a tu experiencia y a ti mismo. Acércate interiormente hacia tu respiración del mismo modo que te acercarías hacia un niño, con ternura, con cariño y curiosidad. Dedícate un tiempo a simplemente ser.

Seguramente tu mente se distraerá en varias ocasiones pero no importa, dirige nuevamente tu atención a la respiración. Cuando la mente se aleje, no te preocupes. Suavemente acompáñala a regresar a la sensación de la respiración.

No debes controlar la respiración. Sólo obsérvala y conócela.

Ahora, siente que todo el cuerpo respira, que se mueve suavemente con los movimientos de la inspiración y la espiración, del mismo modo que los movimientos de las olas del mar (que se acercan y se alejan de la orilla).

No necesitas hacer nada más.

A continuación, despídete de la respiración y deja que todo lo que en este preciso momento aparezca en tu conciencia, sea tal como es.

Abre los ojos, lenta y suavemente.

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